Así veranean los nuevos millonarios

Si su «hobbie» veraniego es avistar ricos y famosos, meta un forro polar en la maleta. Los ricachones del siglo XXI esquivan los destinos tradicionales y se recluyen en Groenlandia. O viajan a África a la caza de experiencias únicas. Éstas son las vacaciones de la nueva «jet set».

Su en-demoniada escritura sólo es comparable a la dificultad de su acceso. Por lo demás, todo son ventajas: pronunciación imposible para epatar a los amigos, destino ilocalizable para su suegra, naturaleza en estado puro y pocos y felices habitantes que ignoran la existencia de Chikilicuatre.

Las posibilidades de encontrarse en este recóndito paraje con algún famoso cuya aportación a la humanidad sea más valiosa que los engendros comerciales de Buenafuente son, además, muy elevadas. En este minúsculo pueblo de Groenlandia, sólo accesible por helicóptero o barco y únicamente unos pocos meses al año, han recalado últimamente tres nombres propios fundamentales de nuestro tiempo: el cerebro de Microsoft, Bill Gates , y los cofundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page. Un forro polar en la maleta Las elites que dan forma a la nueva era parecen conservar en vacaciones su espíritu emprendedor.

Muchos son jóvenes, aventureros, les sobra adrenalina, tienen más dinero del que pueden gastar y su idea del veraneo pasa por meter unos cuantos forros polares en la maleta. En tiempos de cambio climático se han puesto de moda las visitas a los glaciares en peligro de extinción, los poblados donde chapurrear el inui, los cruceros en los viejos rompehielos soviéticos. El juego no es acumular cacharros ultracaros, sino vivir experiencias únicas, realmente irrepetibles: «Tío, he estado haciendo kite-surf en Groenladia: lo flipas». Pero el destino que en este momento levanta más «¡guaus!» es, sin duda, el que va más allá de la línea Karman, el límite del espacio exterior, la frontera que Sirgey Brin pretende rebasar a bordo de la nave Soyuz en 2011.

Aunque los verdaderos astronautas miran con cierto desprecio las aventuras suborbitales patrocinadas por Richard Branson, no cabe duda de que el próximo aeropuerto de Virgin Galactic en Nuevo México -diseñado, cómo no, por Norman Foster- será un «punto caliente» para avistar ricos y famosos. Su terreno de juego no sólo va más allá del planeta, sino que en la Tierra se dispersa enormemente. De los Polos al corazón de Botswana, donde se ha dejado caer alguna de las principales herederas de las grandes fortunas.

El abanico de opciones en el continente negro parece abarcar casi todas las opciones de moda: perderse en un resort «eco-chic», practicar el turismo filantrópico o bañarse en aguas coralinas.

Cómo mola África

Mozambique se erige como nuevo destino de la jet, por la que ahora pasan los cachorros de la nobleza. Desde que Madonna «puso en el mapa» a Malawi, «celebrities» y modelos han pisado su suelo.

Oprah Winfrey dirige proyectos educativos en Sudáfrica, y los Grimaldi dan rienda suelta a su vida disoluta en las Mauricio. «Brangelina», la pareja por excelencia, ha puesto de moda Namibia. Zambia emerge ahora como destino top, mientras que Ulusaba, la reserva privada de Richard Branson en Sudáfrica, es uno de los destinos preferidos de la jet cuando decide asomar sus naricitas en la vida salvaje.

A favor de esta nueva jet sedienta de viajes antaño reservados a los fotorreporteros del «National Geographic» surgen establecimientos de lujo fuera de las rutas tradicionales. Las cadenas Six Senses, Bayan Tree o One&Only se han convertido en los nuevos santuarios de las «celebrities». A pesar de todas estas facilidades, hay veces que prefieren dar esquinazo a tanta sofisticación.

Paul McCartney decidió este verano alojarse con su novia en un modesto camping de Missouri, para sorpresa de sus vecinos de tienda de campaña, seguramente deseosos de que llegara la hora del fuego de campamento para sacar la guitarra. A pesar de que los «realities» se empeñen en hundir su reputación, las islas ejercen un inevitable poder de seducción entre quienes no reparan en gastos. También conservan cierto halo de romanticismo.

Guillermo de Inglaterra se llevó a Kate Middleton a la isla de Desroches, en las Seychelles, para poner ese marco incomparable que facilitara la reconciliación. Este verano se han dejado caer por la isla caribeña de Mustique. Hasta Tahití ha ido de vacaciones el multimillonario más joven de «Forbes», Mark Zuckerberg, creador de Facebook.

En las islas Rodríguez se pierde el Príncipe Enrique para practicar «snorkel», y los superyates de los billonarios navegan por la Polinesia, lejos de los cruceros «low cost» que abarrotan el Mediterráneo. Año tras año, aumenta el número de famosos con isla privada.

Sus posesiones se reparten por todas las latitudes y la lista de propietarios es ya casi interminable: Mel Gibson, Johnny Depp, David Copperfield, Julia Roberts, Leonardo DiCaprio, Céline Dion, Steven Spielberg… Si la aventura «robinsonsiana» le resulta excesivamente solitaria, siempre queda recurrir a los clásicos para practicar el famoso deporte de ver y ser vistos, pasarlo a lo grande y disfrutar de los mejores DJs. Ibiza no pierde posiciones entre los más marchosos, mientras que Formentera atrae a los diseñadores más «cool», como Philippe Starck.

Todo un nuevo mundo de peñotes artificiales rivaliza ahora con los destinos insulares que llevan miles de años en el planeta. El complejo The Palm, y Dubai en general, emergen como nuevas mecas para «lujoristas» y «spendaholics», especialmente pensados para las nuevas fortunas rusas y asiáticas dispuestas a pasar unas «vacaciones total look» en las villas y hoteles del emirato, diseñadas por Armani y Karl Lagerfeld.

Las refinadas clases altas de la vieja Europa y EE UU tratan de marcar distancias con las nuevas fortunas, entregadas al logo y al lujo ostentoso de hoteles como el Burj Al Arab. Ellos prefieren «el lujo de la experiencia» o lujo ilustrado. Paradojas de la nueva era, mientras las rusas compran zapatos de Christian Louboutin en Saint Tropez, el diseñador se pierde en sus vacaciones por recónditas tierras de Uzbekistán.

Vivan los rublos

Aunque los nuevos oligarcas rusos se mueven con soltura por cualquier rincón del planeta -al parecer, los nuevos ricos chinos e indios tienen todavía menos mentalidad viajera- pronto no tendrán que salir de sus propias tierras para gastar el dinero a espuertas. Sochi, el legendario lugar de vacaciones de las elites soviéticas, vive una nueva era de esplendor.

Sede de los Juegos de Invierno de 2012, allí surgen megaproyectos como Federation Island, a golpe de talón de los millonarios patriotas al estilo del enigmático Oleg Deripaska, el zar del acero, 40 años y noveno hombre más rico del mundo. En su célebre yate «Queen K» se cuenta que se celebró el 70 cumpleaños de John McCain.

Fiesta en «petit comité» frente a las elegantes costas de Dubronik. Las aguas del Adriático seducen ahora a los ricos de todos los países, incluidas a las hermanas Koplowitz. Montenegro, que el pasado verano visitaron las infantas Elena y Cristina junto a un grupo de amigos, marca ahora tendencia.

Fuente: Larazon.es

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